miércoles, 21 de marzo de 2012

La riqueza del hombre


Rousseau escribió que para aumentar la riqueza del hombre se tenía que, o bien incrementar sus posesiones, o reducir su deseo por nuevas posesiones. Es aquí donde la filosofía de las culturas occidental y oriental se diferencian más y escogen caminos distintos para intentar llegar al mismo fin.

Así, en las sociedades occidentales se intenta lograr “la riqueza” a través de aumentar la cantidad de cosas que poseemos, intentando así obtener la perfecta felicidad consumista. Sin embargo, es una batalla perdida de antemano: el capitalismo, la cultura y medios occidentales nos incitan continuamente a tener un mayor deseo por cosas nuevas. De esta forma nunca hay, ni habrá, suficiente. Jamás llegaremos a ese punto anhelado de “ahora tengo todo lo que necesito para ser feliz”. La obsolescencia programada y la necesidad de actualizar todo lo que poseemos, nos azuzan con un deseo inalcanzable. Así seguimos en nuestra pequeña rueda de trabajar más, para tener y gastar más y acabar viviendo menos, cual pequeño roedor en su jaula.

Muchas de las filosofías orientales han buscado la aproximación opuesta. Reducir el deseo nos ayudará a ser felices con lo que tenemos. Queda resumido en las enseñanzas que el Buda dio en Bodhgaya, en la India (“El deseo provoca sufrimiento”) y el ejemplo de los monjes que buscan seguir sus enseñanzas: la renuncia al deseo, posesiones y expectativas.

Es por ello, que es fácil descubrir a mucha gente en Asia feliz con lo que tiene, por poco que sea. Te sonríen amablemente o simplemente te contemplan desde su silencio piramidal.

“El pasado no volverá. El futuro nunca llega. La vida es un eterno presente.”

lunes, 27 de febrero de 2012

India, ese viejo conocido?


Debe ser imposible no tener una idea de qué es India aunque no se haya pisado nunca el subcontinente. Hay algo de místico y de temor sobre este país que a todos los viajeros deja en estado de excitación. Algo es cierto, y es que las opiniones de los viajeros suelen estar totalmente polarizadas y, por lo general, son bastante ardientes.

Por una parte tenemos los viajeros que de la India sólo te mencionan miseria y suciedad. Algunos de ellos fueron para un mes, y pasados diez días marcharon a Nepal o Maldivas porque se les hacía insoportable la estancia en un país lleno de olores y experiencias desagradables. Jamás volverán, dicen, aunque se les regale el pasaje.

Por otra, los viajeros cuya estancia en la tierra que vio nacer tantas religiones les cambió la vida para siempre, lo mencionan como una experiencia mística y volverían una y mil veces, renaciendo y rebrotando de sí mismos cada vez que vuelven.

La única cosa que pensé sería segura, es que sería una experiencia extrema; buena o mala, pero nunca tibia. Y cierto es que me equivoqué de lleno. Aparte del Taj Mahal no tenía grandes expectativas, en parte por ser el viaje con menos anticipación y preparación en el que haya embarcado nunca: me compré el vuelo una semana antes y me fui sin leerme una sola línea de la guía. Qué paradójico, tratándose de India! Quizá ya adelantaba que el viaje sería lo que quisiera ser él mismo, y no lo quisiéramos hacer nosotros de él.

Está claro que hay tantas Indias como observadores se atreven a respirar sus calles, saborear sus paisajes o recorrer sus comidas. No dejéis que os la cuenten.  

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Bali 7: la excursión en moto


Viví muy buenas experiencias en Bali, y una de las que mejor recuerdo guardo, fue el día que me armé de un mosquito-motocicleta y me lancé a cruzar media isla. A pesar de ser un aprensivo con lo que respecta a la seguridad (llegando al extremo maniaco-compulsivo en seguridad vial) no hay nada comparado con la libertad de ir donde uno quiere a lomos de un pegaso motorizado, sin horarios ni rutas fijas; el perderse amablemente por los arrozales recibiendo la brisa cargada del dulce olor del arroz maduro que no se puede sentir desde la seguridad del interior de un coche o detenerse a conversar con gente allá donde no hay ninguna marca en el mapa de las guías de viaje ni para ningún autobús.

Teniendo en cuenta que yo nunca había cogido una moto antes de ir a Bali, fue una proeza considerable. Si además os digo que lo hice apenas con un tosco mapa y cuatro palabras de indonesio, entonces la odisea adquiere ya tintes homéricos. Mi vocabulario de náufrago constó apenas de cuatro palabras:

- di mana? (dónde)
- kirring (recto)
- kiri (izquierda)
- kanan (derecha)

El primer kilómetro con la moto fue tan torpe y tambaleante como los primeros pasos de un cervatillo que estira las piernas por primera vez. Tras armarme del combustible vendido por una señora en botellas de Absolut Vodka junto al arcén y preguntarle por la dirección que debía seguir, me lancé a la búsqueda del primer pueblo de mi itinerario. Siguiendo su “Kirring, kirring, kanan” (recto, recto, derecha) dejé Ubud, y me adentré en el terciopelo de brillante verde esmeralda que es el campo balinés. Fue el primer día que vi el campo en todo su esplendor: campos interminables de arroz protegidos por espantapájaros y cometas, frondosos bosques de bambú en los que se adentraba el camino, templos de roca volcánica con pequeños monos jugueteando en sus muros... todo ello salpicado con pequeños pueblecillos aquí y allá donde los campesinos viven como antaño, siguiendo los ritmos del campo y ajenos a Kuta o las recomendaciones de la Lonely Planet.

Una "gasolinera" balinesa

En uno de estos pueblos me detuve para visitar el mercado y me armé de una buena provisión de ofrendas que poner en mi moto a modo de protección. “Haces como nosotros!” aprobó un anciano, a la vez que me sonreía entornando los ojos. Me despedí con un “Sampai jumpa!” y seguí camino del norte. Comprar varias ofrendas demostró ser muy buena idea, pues en varias ocasiones tras detener la motocicleta pude comprobar como la caja de hoja de palma con las flores y galleta destinada a los dioses se había volado por el camino. No quiero ni pensar qué me podría haber ocurrido de no tener una ofrenda protectora de repuesto...

Seguridad vial balinesa

Una curiosidad de Bali es que las carreteras que cruzan la isla son todas de Norte a Sur. Los pliegues de los volcanes hacen casi imposible hacer carreteras que no sigan la orografía que marcan las laderas que arrugan la superficie de la isla. Por ello, algo que puede parecer corto en dirección Este-Oeste, puede que simplemente no se pueda hacer si no es yendo hasta la costa o la caldera del volcán y volver siguiendo otra carretera que discurre prácticamente en paralelo a la original.

Este-Oeste? No way!


El día pasó fantásticamente visitando templos en medio de la jungla como sacados de una película, volcanes donde las calderas de magma habían sido sustituidas por la superficie estañada de un lago, poblados tradicionales con gente sencilla y de risa fácil...



La jungla esconde tesoros

Apuré demasiado el día para ir a Gianyar, famoso por tener uno de los mercados nocturnos más famosos de Bali y el mejor babi guling de la isla. No sólo la comida es fabulosa en los mercados nocturnos, sino que pasearse por semejante hormiguero de puestos ambulantes es un espectáculo fascinante en sí mismo. Los puestos de ofrendas se mezclan con los puestos de bakso (fideos con albóndigas) de dueños musulmanes, las brasas donde se asan los pinchos de carne que después se sazonarán con salsa sambal picante y saté de cacahuete, el plátano frito, las verduras al vapor... es como atravesar un huracán de olores, especias y sensaciones que te obliga a parar a cada esquina a comprar un pinchito ahora, un cd de música luego y o un popular postre llamado es campur (hielo “mixto”) consistente en hielo rayado con gominolas, tiras de coco y otras frutas y sirope o caramelo (no aptos para diabéticos). Y digo que apuré mucho el día, porque me dejé llevar por esta sinfonía para los sentidos que es el mercado nocturno, hasta bien pasada la puesta del sol.

Un puesto tradicional de comida en el mercado nocturno de Gianyar
A pesar de la oscuridad de la carretera y del endiablado tráfico que no había sufrido de día, de alguna forma conseguí volver hasta Ubud; confiando en el sentido de la orientación y, sobre todo, la intuición: acerté en imaginar en las bifurcaciones que aquel ramal que lleva más tráfico es el que se dirige a la ciudad más importante. Al aparcar la moto para cruzar caminando los arrozales hasta mi pequeño bungalow, me di cuenta que olvidé mi linterna. Así como perderme por la isla me permitió descubrir lugares y personas que de otra forma nunca habría llegado a conocer, el olvido de la linterna me permitió ver el espectáculo del baile de luciérnagas que se coreografió a mi alrededor. Nunca las contrariedades tuvieron mejores recompensas como en Bali ese día.

Mi dulce monita Sinta roncaba suavemente en su rama cuando crucé el jardín camino de la cama. Ahora sí (pensé); ahora que he mirado a Bali a los ojos creo que estoy listo para marchar. Esa noche decidí marchar hacia Komodo.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Bali 6: música y danzas balinesas


Bali es una isla con una tradición cultural muy particular. Cuando el islam se propagó por Java, los reinos hinduistas que existían en la isla se refugiaron en Bali, llevando con ellos su religión. Pero también llevaron sus tradiciones, su cultura y costumbres. Éstas son por lo general únicas en Indonesia y, en su mayoría, en el mundo.

El gamelan es un conjunto instrumental consistente en su mayoría de percusiones metálicas (campanas y gongs) que pueden estar acompañadas de flautas de bambú y pequeños tambores. Los instrumentos de un grupo de gamelan están construidos para ser tocados juntos, con una armonía particular, lo que quiere decir que instrumentos de diferentes conjuntos no son intercambiables entre diferentes grupos (es como si estuvieran “desafinados” para otra orquesta).




Al ser en su mayoría tocado con instrumentos de percusión metálicos, hace que sea una música que, de forma natural, tiene una gran reverberación, como si hubiera tenido un trabajo de postproducción donde se le ha añadido eco y reverb. Recuerdo que la primera vez que la oí, en el palacio real de Ubud, me pareció era una música celestial, como de sueño.

Otro tanto ocurre con las danzas en Bali. La cantidad y variedad de estilos de danza de Bali, hace que puedas pasar una semana viendo espectáculos de danza de diferente estilo cada día. Sin duda, el tipo de danza que me resultó más impactante y sobrecogedor fue el Kecak (leído kechak). El Kecak es único pues no tiene instrumentos musicales, todos los sonidos son producidos por los participantes del baile (en forma de chasquidos con la boca y palmas), que en algunos casos puede superar el centenar. El baile  representa el mito épico hindú del Ramayana, que dramatiza el eterno conflicto entre el bien (el Dharma) y el mal (Adharma).





La danza puede durar más de una hora, y ver al conjunto de participantes del Kecak cómo están sincronizados entre sí, es sencillamente fascinante.

Otra de las danzas tradicionales es el Legong Kraton, realizada tradicionalmente por tres muchachas jóvenes en uno de los patios del palacio para entretener al rey. Acompañadas de gamelan, es precioso ver el concepto tan diferente de baile al que tenemos en occidente. En este caso, la parte más importante del baile corresponde a los movimientos de manos, los sutiles movimientos de los dedos, y las intrigantes miradas de las muchachas que mueven los ojos (bien abiertos siempre) de un lado a otro.




domingo, 30 de octubre de 2011

Bali 5: Las cometas


Retorno a escribir en el blog, ahora que el trabajo me ha dado un pequeño respiro y antes de que el tiempo borre, no las experiencias, que quedarán por mucho tiempo, sino los pequeños y fascinantes detalles de éstas.

Hay algo omnipresente por toda la isla de Bali. Allí donde estés, en la costa, en el campo, incluso en las ciudades, si levantas la vista y oteas el horizonte es más que probable que veas una cometa. En algunos casos verás una, aunque volviendo de Tulamben en autobús (algo que hice regularmente, probablemente como tres veces por semana) era bien fácil ver unas cuantas docenas de ellas en cualquier punto del trayecto. Se cree que las cometas se empezaron a usar en China hace unos 2800 años, sencillas estructuras de bambú, cubiertas de seda y con un cordel del mismo material para controlarlas. En Bali, sin embargo, se cree que se usaron cometas hechas de hojas (probablemente de plátano) tiempo antes. En las zonas agrarias de Bali se usaban para proteger las cosechas de arroz, que se extienden por toda la isla como un verde y brillante tapete de billar, de los pájaros. Quizá eso explique, que más adelante se usaran cometas en forma de halcón (probablemente para espantar a los comedores de cosechas con alas).

En vez de alegrarse de la ingenuidad de los pájaros, los granjeros balineses (que son muy religiosos) agradecieron los vientos enviados por Rare Angon, el Dios del viento, que levanta sus cometas en el aire. Por ello, volar cometas se convirtió en una parte integral de la veneración de los granjeros a los dioses en la época de cosechas, concretamente en Julio y Agosto (que es cuando yo estuve allí, afortunadamente).



La tradición se mantiene, y volar cometas se mantiene como una actividad comunal en la grupos de jóvenes se reúnen para volar sus cometas en grupo. La cometa más popular en Bali se llama Bebean, y toma la forma de un gran pez. El tamaño medio de estas cometas es de cuatro por siete metros! Hacen falta unas quince personas para hacer elevar esta cometa. Otra cometa popular, Janggan, tiene unos cuatro por seis metros, y adopta la forma del dragón Besuki, una criatura mítica que se cree guarda la tierra de Bali.



Durante el verano, se produjo un festival de cometas en Padang Galak, en Sanur, donde estaba haciendo el curso de buceo. Hay centenares de participantes de todo Bali que se reúnen para hacer volar sus cometas, desde las más grandes a las más modestas. Algunas de estas cometas además tienen algún tipo de tira metálica en tensión, que debido al viento que las empuja, hace vibrar dicha tira emitiendo un sonido constante, como un zumbido, que se puede oír a pesar de lo altas que vuelan las cometas.

Aparentemente tuvimos un vecino que se estaba preparando para el festival, pues tuve durante unos cuantos días, una cometa como está volando (y zumbando) sobre el lugar donde dormí, día y noche. La primera noche pensé que era un helicóptero (u ovni), pues no sólo emitía un zumbido como de un motor, sino que además tenía una luz, como un foco apuntado hacia abajo, toda la noche. Habría añadido el volador de cometa un cable eléctrico y una bombilla a su cometa?



El festival es una reminiscencia de las ceremonias celebradas por los campesinos en la antigüedad, donde se reunían para celebrar una cosecha generosa. En estas ceremonias, está presente la música tradicional balinesa, el gamelan, para agradecer a los Dioses por su generosidad con la isla, y la buena vida que allí llevan sus habitantes.  

PD: las fotos las he sacado de Internet

sábado, 17 de septiembre de 2011

Bali 4: La cremación de la reina madre


Tras cinco semanas buceando, me despedí de Sanur seguí mi camino. La situación realmente se me hizo un tanto extraña. Aún siendo una rutina, la del viaje, que había vivido en muchas ocasiones; ahora me sentía un poco fuera de lugar. De repente me encontraba esperando un autobús con la mochila, rodeado de otros mochileros. Llevaba cinco semanas hablando del mar, del buceo, de las corrientes y los peces. Me subí al autobús con mi maletín de PADI y empecé a entrablar conversación con el resto de mochileros.

Me dirigí a Ubud, donde había entablado contacto con la fundación Kupu Kupu (http://www.ongkupukupu.org/) una ONG española que ayuda a niños y jóvenes con discapacidades físicas y mentales. Begoña lleva 11 años viviendo en Bali al frente de la organización. A pesar de que ahora no tenían mucho trabajo pude ayudar a un muchacho llamado Madé. Madé nació con distrofia muscular y no puede moverse. Fui a visitarle a su casa en los arrozales, a su habitación, un lugar del que casi no sale. Hace poco una pareja australiana le dio un ordenador portátil, así que fui a hacerle un poco de mantenimiento y solucionarle los problemas que tenía. Tan importante como eso, fue la compañía que le di ese día, y los otros cuando lo visité. A pesar de su situación Madé es una persona llena de vida, con una alegría y luz en los ojos que sorprende la primera vez que se le ve, con su pequeño cuerpo poco desarrollado. Tiene 24 años, y el ordenador le ha permitido escribir (poco a poco) poesía. Madé vive con sus padres y su hermano. Su hermano también tiene un problema físico, y va en silla de ruedas (proporcionada por la fundación). A su pequeña casa no llega conexión telefónica, y es una verdadera lástima porque para Madé significaría poder acceder a muchísima información y, sobre todo, el poder comunicarse con el resto del mundo.

Hacía cuatro años de la última vez que estuve en Ubud. En esta ocasión, mucha gente de todos los lugares de Bali (especialmente de los alrededores de Ubud) se había dirigido allí, pues llegué el día antes de que se celebrara la cremación de la reina madre de Ubud. La cremación de un miembro de la familia real es un evento muy importante, y mucha gente no se lo quiere perder. En un principio intenté entender qué es lo que iba a suceder al día siguiente... pero tras hablar con varias personas desistí en mi intención de conocer lo que iba a suceder. Sencillamente cada persona me decía una cosa diferente.

  • ¿Que quién ha muerto? Un príncipe de la familia real
  • La reina madre la incineran mañana de buena mañana
  • No, no ha sido la reina, mañana hay varias cremaciones junto al palacio real, como a las 12
  • Sí la procesión saldrá por la mañana pero a la princesa la quemarán al anochecer en el cementerio


Así, que bien armado de agua y una gorra para combatir las horas al sol, me dispuse a descubrir el misterio. Fui de buena mañana al palacio, donde había instalado una estatua de madera de un toro y una plataforma enorme. Las diferentes versiones parecían concretarse aquí. El cuerpo de la difunta estaría dentro del toro y en la plataforma se sentaría un miembro de la familia real. Finalmente el cuerpo fue en la plataforma de nueve pisos y se trasladó al toro para la cremación.



La difunta fue Puri Agung Ubud, madre del rey de Ubud, y la ceremonia se llama Anak Agung Niang Rai. La reina madre de hecho murió en Mayo y había estado embalsamada desde entonces. La ceremonia de Pelebon o Ngaben (cremación) es una de las ceremonias tradicionales religiosas hindu balinesas más famosas de la isla, y en ella los familiares y súbditos muestran su respeto a la difunta. Curiosamente, y a pesar de ser un funeral, el ambiente es alegre y festivo. Dicen que cuando se muere alguien en Bali, a los familiares no se les da el pésame, sino que se les dice “felicidades” (tradición que sólo se ha mantenido con el fallecimiento de la suegra en España). Así que la procesión transcurre de forma alegre, con tambores y gamelan (música tradicional balinesa consistente en una percusión continua de instrumentos metálicos); únicamente durante el momento de la cremación se oye un cántico tremendamente triste.



El Pelebon es una ceremonia de purificación y retorno de los elementos del Panca Maha Butha (los elementos del cuerpo que forman la vida) del cuerpo humano (Bhuana Alit, el micro-cosmos) al Universo (Bhuana Agung, el macro cosmos). Estos elementos son:

  • Pertiwi (la tierra, la materia sólida): como la carne, los huesos y los dientes.
  • Apah (el agua): los fluidos como la sangre, las lágrimas, saliva y mucosidades
  • Teja (la luz): como el aura y la luz de los ojos
  • Bayu (el aire): el aliento y la energía
  • Akasa (el espacio): los elementos abstractos (el Eter) del cuerpo humano.

A mediodía salió la procesión rodeada de gran estruendo de tambores y gamelan. Tanto el toro como la plataforma fueron llevados en volandas por decenas de locales como si de pasos de Semana Santa se trataran, pero a una velocidad endiablada. Levantaban el toro, y avanzaban corriendo 40 metros antes de dejarlo en tierra.



El cementerio se encuentra a un kilómetro de distancia del palacio real. La cremación en sí, fue bastante parecida a ver arder una falla, de hecho me vino alguna canción tradicional a la cabeza cuando empezó a arder el toro...

  

domingo, 4 de septiembre de 2011

Balineses 3: la clase de cocina

En mis dos primeros días en Sanur, pude hacer amistad con algunos locales, y con algunos de los empleados del centro de buceo. Una de ellas es Srie, que estuvo sustituyendo en la tienda a una compañera que se fue a Java a casarse. Srie habla un inglés excelente, pues estuvo casada con un holandés, instructor de buceo en Lombok, siendo ella buceadora también (aunque ahora trabaja en marketing). Ahora es viuda, me explicó que su marido murió en un accidente, aunque no buceando. Parece ser que en el centro de buceo tocó una batería eléctrica cuando aun estaba mojado al salir de la piscina. Aunque Srie es una persona muy alegre y su bonita sonrisa siempre llena su cara, el rostro se le cambia por unos segundos cada vez que su marido sale en la conversación.


Hablando con Srie le comenté mi intención de tomar clases de cocina balinesa, y que no me apetecía ir a un lugar donde enseñen a turistas y le paguen cuatro duros al indonesio de turno. Me apetece estar en contacto con los locales!! Aunque ella no me puede ayudar (según me cuenta, cocina de forma horrible... hasta el marido holandés cocinaba para ella, me dice entre risas) me dice que su hermana me puede ayudar con las clases.Así que el próximo día libre que tengo de buceo quedo con su hermana para cocinar, y Srie vendrá luego a comprobar los resultados. Primero vamos a comprar al mercado, aunque muchas de las especias ya las tiene, compramos pollo, coco y otras verduras, y luego vamos a su casa a cocinar.Las casas balinesas son realmente bonitas. Tienen unas ornamentaciones hechas en piedra negra volcánica muy particulares, además de tener casi todas un jardín donde cultivar bananos, importantísimo en las casas de Bali, como ya veremos. Además tienen 5 templos en el jardín de casa, cada uno de ellos para un motivo diferente, para la familia, para complacer a los dioses... Uno de ellos es para protección de la casa y de los que habitan en ella, y me dicen que realmente funciona. Mientras hagan sus ofrendas, dentro de la casa y el jardín están protegidos. Por ejemplo, si están teniendo suerte, o ganando mucho dinero, puede que algún vecino o incluso familiar esté envidioso; pueden ir a un hombre espiritual o mago para que haga algún conjuro de magia negra contra ellos. Pues bien, esta magia u otros posibles demonios, no pueden cruzar el muro de su casa.






Aquí se toman muy en serio el tema de la magia. El primo de 
Srie me comentó sobre un hombre espiritual al que fue a consultar unos problemas personales, ya que no podía tener hijos. La verdad, es que nos acabábamos de conocer y me contó la historia con una serie de detalles íntimos que escandalizarían a cualquier señora remilgada europea. Pues bien, este hombre santo le dijo exactamente cual era el problema, con detalles físicos muy específicos, que fueron confirmados por un doctor en Japón meses después. Aunque he intentado quedar con el primo de Srie para ir a ver este hombre (por curiosidad) ha estado muy ocupado, y como sólo habla en Balinés tradicional, no puedo ir con la mayoría de locales que trabajan en el centro de buceo.



De vuelta a la cocina balinesa, preparamos pollo cocinado con leche de coco envuelto en hojas de plátano al vapor, acompañado de arroz blanco. La verdad es que bastante laborioso, porque todo lo hacemos a mano. Por ejemplo la leche de coco, yo siempre la había visto en un bote en el súper. Aquí, compramos un coco joven, lo abrimos, rallamos la pulpa y sacamos la leche de coco. Aunque laborioso, el resultado es excelente. La leche de coco se mezcla con las especias, muuuuchas. Algunas de ellas no se encuentran en Europa, pero pude reconocer lemon grass, diferentes tipos de chile, cúrcuma, pimienta... todo ello majado en un cuenco de roca volcánica. Os podéis imaginar lo picante de la combinación que me quedaron las manos picando bastante... sin siquiera haber tocado la pasta de especias! Después de macerar el pollo un rato, se hace una  bolsita con la hoja de plátano, se rellena con un poco de pollo y se cierra con un palito de bambú. Cuando se acabaron las hojas de plátano, machete en mano al jardín, y a seguir cocinando. Al acabar la mañana, disfrutamos de una buena comida, Srie, otra chica de la oficina, su hermana y yo.






Antes de volver al trabajo, el primo de 
Srie se pasa para despedirse. Cuando ve la moto que acabo de alquilar y le comento el pánico que les tengo, y que es la primera vez que conduzco una moto.  "Para protegerte, tienes que hacer una ofrenda a los dioses y llevarla en la moto". De nuevo, la religión, la magia y la espiritualidad se mezclan en Bali con lo cotidiano. "Compra en el mercado una ofrenda, ponla en la moto detrás de la matrícula, ponle una galleta o un caramelo y rocíala con agua mientras la bendices". Aquí, cualquiera puede bendecir el agua. "luego, cómete la galleta o el caramelo". 



"Que me coma la galleta? Por qué?" le pregunto. "Porque sino, se te va a llenar la moto de hormigas", me contesta con una gran sonrisa y se despide.